 |
Desde siempre, esta pequeña aldea –como gustan llamarla sus habitantes– estuvo ligada al mar. Primero como puerto para la salida de la sal que se cosechaba en la península. Y luego, mucho tiempo después, con las ballenas francas y el buceo deportivo. Así, la única calle que atraviesa el pueblo se fue poblando de aficionados vestidos de neoprene y de turistas de todo el mundo coloreados por el naranja de los salvavidas listos para embarcarse y cámara en mano en busca de los amigables cetáceos. Es la razón de ser de este pueblo y, por suerte, cada día sus habitantes, unos 4000, parecen comprenderlo mejor. El punto de partida de esta nueva etapa fue la organización como municipio lo que le dio un impulso que empieza a notarse en varios aspectos: un crecimiento edilicio más ordenado y cuidado, mejores servicios, mayor oferta de restaurantes, operadores y hospedajes, y un progresivo ordenamiento de las actividades tanto de los turistas como de la propia comunidad. La aldea, caótica e improvisada, bendecida por la naturaleza, está dando paso a una pintoresca localidad conciente que debe desarrollarse preservando un recurso tan frágil como majestuoso y conmovedor.
Por otra parte, para los aficionados al buceo Pirámides es la meca. Es hacia donde se mira cada vez que se piensa en una salida aunque luego se opte por otro destino. Península es el el punto de partida. Hotelería, cabañas, y un legendario camping se conjugan muy confortablemente con los cuatro operadores de buceo autorizados e imprescindibles durante la temporada de ballenas, ya que en el período que va del 1º de junio al 15 de diciembre sólo se puede salir a bucear con un guía autorizado. A partir de esa fecha se abre la navegación para embarcaciones deportivas particulares. Vale aclarar que si se está navegando en los días previos a la temporada de ballenas y ya hay alguna en el golfo, se encuentra totalmente prohibido acercarse.
Restingas y salmoneras
Las posibilidades de hallar lugares atractivos para las inmersiones son prácticamente infinitas. Toda esa costa norte del golfo brinda posibilidades, aun para sumergirse desde la costa como las paredes que rodean a Punta Pardelas, un verdadero clásico donde acamparon pioneros, clubes y escuelas de buceo por años, y que hoy sigue ofreciendo sus amplios playones de tosca y playas de canto rodado para esa añorada combinación de acampar a pocos metros del bote, rodeado de botellones y neoprene y el mar metiéndose en los ojos mañana, tarde y noche. No hay ningún tipo de servicios, sólo tambores para depositar la basura (es fundamental proveerse de agua potable en el pueblo). Para los que cuentan con embarcación, el abanico que se abre frente a Pardelas es todo buceable, pero se destacan las restingas y los aleros que rodean a la Punta y al islote moviéndose entre los 12 y los 20 metros de profundidad. Bajar es encontrarse con meros, turcos, cabrillas y algunos salmones, además de toda la vida bentónica que caracteriza al golfo. Otra de las ventajas que ofrece Pardelas es la protección que brinda a los vientos del sur, del norte y del este, siendo sólo afectada por los del oeste. De todos modos, aún con el mar picado afuera, pueden realizarse algunos buceos costeros, nunca defrauda. En mayo la temperatura del agua rondaba los 14º C en superficie y en pleno invierno puede descender hasta los 10º. Si bien en Pardelas no hay Prefectura, es obligatorio al llegar presentarse en el destacamento de Puerto Pirámides y dejar los datos de todos los tripulantes que se van a embarcar, brevet de timonel y buceo y avisar por VHF cada vez que se hace a la mar y se vuelve de nuevo a puerto.
Frente a Puerto Pirámides, los lugares más trajinados no llevan más de 15 o 20 minutos de navegación en dirección hacia el morro que le dio nombre al lugar. El buceo se hace en un rango de mayor profundidad, ya que se puede ir de los 25 metros de El Barco, una enorme laja con un alero que encierra uno de los puntos más ricos en fauna de la zona, hasta El Derby a no más de 12 y la Herradura que se desarrolla en amplio semicírculo a 18 metros. Sobre la costa, muy cerca de la playa se encuentran una serie de salientes, una de las cuales tiene una pequeña cuevita pasante donde se hacen los bautismos por la poca profundidad, por esoconviene ir durante la pleamar.
Alejándose hacia la boca del golfo, a la que se accede solamente embarcado, está Punta Cormoranes, un lugar reservado por su exigencia a buceadores experimentados en inmersiones con corriente, aún cuando se salga con un operador. Cormoranes, que solía lucir no hace mucho ondulantes bosques de cachiyuyos y que, según los guías, la voraz invasión del alga Undaria esta ahogándolos definitivamente, es una sucesión de restingas a 20 a 25 metros de profundidad y donde el desfile de grandes salmones puede sorprender al buzo en cualquier recodo. Es imprescindible, por lo fuerte de la corriente, que el grupo de buceo se mantenga siempre próximo y uno lleve una boya grande navegando en superficie para que el timonel (siempre debe permanecer uno a bordo) pueda seguir el derrotero de los buzos. En estos casos es conveniente que cada buceador lleve además, una boya inflable individual (tipo salchicha) para marcar su posición en caso de salir lejos y con el mar picado, cosa muy frecuente en esos parajes tan abiertos y tan próximos a la boca del golfo, puede convertirse en un verdadero problema.
Buen mar, reparo a los vientos, fondos ricos en fauna, ballenas, lobos y médanos interminables, siguen siendo las virtudes de esta villa con larga tradición subacuática.
|
 |