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León de montaña |
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Características físicas. Distribución territorial. Su parentesco con otros felinos. Sensaciones de un encuentro ocasional con el autor. |
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Por Luis Festa |
Habitualmente se describe al puma como a una especie que evita el contacto humano y que por ello es difícil de visualizar. En las pocas oportunidades que tuve la posibilidad de contemplar a este magnífico animal, creo que fue porque él quiso verme. Luego de haber transcurrido casi toda la noche en un apostadero, aburrido de esperar infructuosamente a los chanchos, decidí visitar una vizcachera situada a unos mil metros de la aguada. Creo que la carne de vizcacha en escabeche es uno de los más exquisitos manjares que nos depara la fauna salvaje, y la especie de aullido-maullido que emitían sin cesar aquella noche era un irresistible canto de sirenas. Cambié el fusil por una carabina .22 magnum y provisto de un par de buenas linternas me encaminé despacio hacia la vizcachera para darle tiempo a la luna a transponer el horizonte. El camino era sencillo: directo por una picada con el alambrado a mi derecha, el que a la vez me serviría para apoyar la carabina. La colonia era enorme y con cada pasada de linterna veía docenas de vizcachas pastando o inmóviles junto a las entradas de las cuevas. Elegí las de mayor tamaño y en poco más de una hora había cobrado cuatro: suficiente para un buen escabeche. En el camino de ida había dejado una campera en el alambrado, acalorado por la caminata.
Encuentro fugaz. Cada vizcachón pesaba alrededor de cinco o seis kilos, y entonces decidí dejar dos entre las ramas de los caldenes para ponerlos a salvo de los zorros, mientras que a las restantes les uní las patas traseras con palitos que afilé con el cuchillo, en una suerte de improvisada manija. Con las primeras luces del alba regresaba con la carabina en la mano izquierda y el pesado bulto en la derecha, mirando el alambrado para recoger la campera. Al llegar al sitio y por visión periférica note una silueta contra el alambrado opuesto de la picada. Al acercarme, y con la alborada, comprobé que era un puma. Sentado sobre sus cuartos traseros me observaba muy tranquilo. Probablemente se detuvo en el lugar para ver qué era aquello que colgaba del poste. Me detuve e inmovilicé para no espantarlo, con la intención de prolongar aquel singular encuentro. Luego de algunos instantes, se enderezó cruzó la picada lentamente y al llegar al alambrado lo saltó con facilidad, internándose en el monte hacia las vizcacheras, no sin antes regalarme una mirada de aquellos ojos verde-amarillos. Cuando regresamos con mi compañero de caza a recoger las dos vizcachas que había dejado en las horquetas de los caldenes, faltaba una de ellas: el señor del monte había encontrado la mesa puesta, precio bien pagado por haberme concedido el privilegio del encuentro. Dos conclusiones son las que pueden extraerse de esta experiencia: que es curioso, y que, como muchos humanos, tiene predilección por la carne de vizcacha.
Datos. El puma, o león de montaña, denominado científicamente Felis concolor, ninguna relación tiene con el león africano, como tampoco la tiene el jaguar con el tigre, más que ser todos felinos. Ocurre que los españoles que llegaron a estas tierras a fines del siglo XVI, por cierto no muy entendidos en zoología, simplificaron la cuestión y les dieron a las bestias de estos lares el nombre de las ya conocidas en Europa. Y así como el puma fue león, un pajarillo amarillo fue jilguero y una tinamidae, perdiz. Actualmente, y no obstante su persecución, es el felino que ocupa una zona de distribución más amplia: desde el noroeste del Canadá y Alaska hasta la Patagonia. Es territorial y tiene una baja densidad poblacional. La extensión del territorio que ocupa se encuentra relacionada con la existencia de vegetación y de presas. En la Argentina se lo encuentra en casi todo el país, excepto Corrientes, Entre Ríos, sur y centro de Santa Fe, centro de Tucumán y Buenos Aires, salvo en su extremo sur, donde se han visualizado ejemplares en la zona de Mayor Buratovich y Península Verde.
Morfología. Su tamaño varía entre los 145 y 275 cm; su peso oscila entre los 100 y los 130 kg y su estatura es de hasta unos 80 cm. El pelaje, corto y grueso, es beige o marrón claro en el pecho, panza e interior de las extremidades. El resto va desde un pardo amarillento a un rubio rojizo según los territorios. La cabeza es pequeña en proporción al cuerpo, con manchas marrón oscuro en el hocico, orejas pequeñas y redondeadas de color gris en la parte externa. Las plantas delanteras son más grandes que las traseras; pero las anteriores son más cortas que las posteriores. Posee una cola larga y gruesa que utiliza para equilibrarse en saltos y trepadas, para lo cual demuestra particular habilidad, pues de esa manera caza a sus presas. Posee buena vista y oído, pero olfato regular. Se reproduce en camadas de uno a seis cachorros, con una gestación de 80 a 90 días. En tamaño, es el segundo en América detrás del jaguar, y el cuarto en el mundo. Emplea para la caza sus poderosas garras retráctiles. |