
La visita a un área protegida de nuestro país supone una verdadera introducción a la naturaleza. La Argentina puede ser dividida en diferentes ecorregiones, regiones ornitogeográficas o fitogeográficas, entre otras, que presentan un mosaico de biodiversidad para asombrarse y disfrutar. ¿Cómo podemos aprovechar al máximo el recorrido sin ser expertos en el asunto?
Buscando información
Fundamental es recopilar toda la información disponible del sitio a visitar. Hoy existe una oferta de publicaciones como guías específicas, revistas de divulgación, enciclopedias y otras vías de comunicación como internet, que nos reduce sustancialmente la ardua tarea de investigar. Es indispensable buscar sobre los aspectos generales: clima, ambiente al que pertenece, fauna y flora, geología, senderos disponibles, cursos de agua o lagunas, etc. Cualquier otro tema de importancia como relatos de viajes y fotos contribuye a nuestro viaje. Conociendo lo básico de la vegetación y fauna de nuestro destino, deberemos buscar las relaciones existentes entre ellos. Ciertas plantas autóctonas atraen determinados tipos de aves por sus frutos, néctar o como refugio, mientras que mariposas e insectos buscan alimento en flores con características especiales. Un cuerpo de agua presenta una biodiversidad particular que vive de ella, representando una oportunidad para su avistaje. Estos son algunos ejemplos de una trama de relaciones ecológicas que pueden ser comprendidas con solo tener un saber previo. La investigación, entonces, es clave para descubrir esas conexiones y ser testigos del delicado equilibrio que moviliza la naturaleza cada día.
Folletos y cartelería
Ya en el lugar, el contacto con el guardaparque o la persona que tenga la responsabilidad en el área es un buen comienzo. Son los encargados esenciales de brindarnos toda la información general para poder realizar el recorrido. A su vez, nos indicarán las reglas para visitarla y los aspectos de conservación del mismo. Es importante conocer qué parte está habilitada para ser visitada y cuál no, para nuestra propia seguridad y dado que en la mayoría de los espacios protegidos existen zonas de resguardo para la fauna y flora, para preservar recursos culturales o para investigación, los cuales merecen un control más riguroso. Las Areas Naturales Protegidas pueden depender de la nación o de las provincias, ser municipales, privadas o universitarias. Para cada una de estas categorías existe una reglamentación, y su efectiva implementación depende de cada gobierno o entidad a cargo. Por tal motivo nos encontraremos con panoramas muy diferentes en cada una de ellas. Existen las reservas llamadas “de papel”, las cuales fueron declaradas en documentos, pero no tienen un manejo verdadero en el campo, en cuyo caso estarán abandonadas o sin personas que nos puedan orientar. Preguntar a los habitantes o pobladores ayuda en gran manera. Existen numerosas ONGs relacionadas a la conservación que pueden proveer información sobre casos puntuales.
La cartelería es de suma importancia ya que nos orienta sobre lo que observamos y nos indica límites y senderos. Está comprobado que el visitante no le presta la debida atención o se detiene escaso tiempo si son muy extensos o complejos, sin embargo debemos aprovechar al máximo esa información disponible. Los folletos son otra herramienta útil a la que podemos recurrir, por lo que es elemental obtener alguno antes de comenzar la caminata. Contienen datos, fotos y mapas que ubican y aportan un valor extra que luego nos queda como recuerdo de nuestro paso. Finalmente, muchas áreas cuentan con centros de interpretación, lugares por excelencia para entender y evacuar todas las incógnitas.
Aplicando conocimientos
Es en esta parte donde nuestras averiguaciones darán su fruto o no. El poder de observación tiene que estar alerta para conectar ese pequeño saber disponible con lo que nos rodea. El suelo, donde se encuentran la vegetación y los rastros de la fauna, puede ser el inicio. Existen huellas y otro tipo de indicios que nos anuncian si habita algún tipo de mamífero, si se traslada o vive bajo tierra. Podemos descubrir qué aves terrestres frecuentan la zona y qué hábitos tienen o qué cantidad y clase de insectos existen. Los arbustos, árboles u otro tipo de vegetación presentes nos dirán de dónde viene el viento, si hay humedad o no, si albergan fauna en sus recovecos o si les brindan alimento con sus frutos o flores. Mirando el cielo (si es con binoculares mejor) sabremos si hay aves rapaces o carroñeras y dónde hacen sus nidos. Las formaciones geológicas nos señalarán la historia, si estuvo alguna vez el mar, si ha pasado un glaciar o si hubo un levantamiento masivo. Los cursos de agua pueden mostrar el poder de erosión del agua o la paz que contagia, a la vez que pueden ser identificadas numerosas especies de aves, mamíferos o peces que los utilizan como recurso indispensable para la vida. Existen muchos secretos que pueden ser develados con sólo establecer las relaciones y prestar cuidada atención a cosas que nos pasarían inadvertidas. Con suerte seremos testigos de ver en libertad especies que se encuentran en estado serio de amenaza o en extinción. Y otras que son abundantes, pero que de igual manera merecen ser protegidas de la caza furtiva, fragmentación del hábitat y una larga lista de amenazas reales.
Sacando conclusiones
¿Para qué sirve un área protegida? Esta pregunta debería encontrar una respuesta después de la salida a un parque, reserva o monumento protegido. Si no lográramos responder esta incógnita básica, no estaría cumplido el objetivo. La gente responsable de transmitir el mensaje o los medios disponibles para hacerlo estarían fallando. En el caso positivo, habremos avanzado un paso gigante en nuestro conocimiento sobre los recursos naturales y culturales de nuestro país. Conocer que menos del 10 % de la superficie argentina está protegida y qué ambientes o especies están en riesgo, es parte de un turismo responsable y un deber como habitantes de nuestro suelo.
La sensación provechosa de un viaje de estas características puede ser unida a otra más grata aún: involucrarse en el tema. Existen hoy en día múltiples conexiones que nos permiten participar activamente, como las ONGs. También se puede recurrir a la oferta de carreras como biología, ingeniería en recursos naturales, guardaparques y guía de turismo, entre otras tecnicaturas. Y para el simple visitante está el desafío de seguir conociendo y apoyando la protección de nuestros valiosos recursos.
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