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Año XXXVIII | Edición 454 - Julio 2010 | Argentina
    Técnicas de Canotaje    
  Remar en aguas frías

Cómo mejorar la técnica de remada para lograr un mejor aprovechamiento de la fuerza y desarrollar mayor velocidad y direccionamiento.

  Por Patricio Redman *

Volcar el kayak en aguas frías o incluso con temperaturas de 21º C implica un riesgo. Para algunos remeros la hipotermia es un riesgo siempre minimizado, ya que resulta más cómodo y económico remar con un polar y una campera impermeable, que emplear trajes de neoprene o chaquetas secas. El agua no tiene que ser drásticamente fría para ocasionar problemas: un remero puede ahogarse muy rápido si no tiene la técnica o el físico preparado para la súbita inmersión. Los esquimales, inventores del kayak, sabían de este peligro y por eso empleaban tuiliqs (cubrecockpit y chaqueta impermeable) y kamleikas (parecidas a las chaquetas secas), inclusive los esquimales balleneros vestían el sealskin, una especie de traje seco enterizo.

Dos situaciones. Las más riesgosas a bordo de un kayak se producen cuando se vuelca súbitamente y no se puede rolar. Una vez abandonado el cockpit se produce el shock por frío y una falla en la natación, estos dos factores matan a más de la mitad de las personas que se ahogan navegando en kayak o canoa. Según estadísticas realizadas en los Estados Unidos, para protegerse es muy importante emplear ropa antiexposición y chaleco salvavidas. También hay que tomar conciencia de la negación del riesgo que está incorporada en nuestra idiosincrasia (el caso de los motociclistas con el casco en el brazo es el mejor ejemplo), hace que muchos naveguen sin ropa de protección, mala condición física, incluso con el chaleco salvavidas atado sobre la cubierta.

Cómo protegerse. No hay duda de que en invierno o navegando en aguas frías como las de la Patagonia, o templadas como las del Río de la Plata, hay que vestirse como para un posible abandono (la ropa antiexposición se exige en algunos países para la práctica de deportes náuticos en zonas frías). Lo ideal es un traje seco con membrana. Su única contra es el costo, ya que ronda entre los u$s 500 y 1.000. La variante más económica es un long john o una chaqueta de neoprene. Esta combinación, aun siendo incómoda para palear, resguarda del shock frío y permite efectuar las maniobras de reingreso al kayak o ganar la costa a nado. Por ejemplo, en nuestras remadas por el Canal de Beagle y en la Patagonia usábamos el long john de neoprene de 6 mm y la chaqueta de 3 mm, lo que generaba una buena protección.

Moulton Avery. Escribió hace más de 15 años en la revista Sea Kayaker: “La inmersión de kayakistas en el agua fría de mares y lagos mata más que cualquier otro factor en el deporte. El agua fría es la más grave amenaza para la supervivencia de un preparado palista”. Resulta evidente que la hipotermia no es normalmente sólo un problema que se suscita al remar en agua fría, sino una serie de sucesos previsibles que se minimizan, y las primeras reacciones son claves para el autorrescate.

Hipotermia. Una revisión actual de 26 accidentes de kayakistas por inmersión reveló que el agua fría mató a 10 antes de que pudieran ser rescatados y en el resto había diversos grados de hipotermia. Durante años, la mayoría de los remeros pensaba que el principal peligro en el agua fría era la hipotermia. Las nuevas evidencias sugieren lo contrario. Entonces, qué es lo que les sucede a los kayakistas encontrados boca abajo, aun dentro de sus kayaks. ¿Nunca hicieron intentos para salir por sí mismos o para efectuar una maniobra propia de rescate?

Cadena de sucesos. Las lesiones fueron parte de una compleja combinación de shock frío, hipotermia y ahogamiento. Hoy ya es aceptada la nueva teoría de Moulton Avery cuando explica que “el shock por frío puede implicar una serie de eventos fisiológicos en el cuerpo humano, que se caracterizan por incapacitación, pérdida inmediata y descontrolada de la respiración tornándose involuntaria, lo que conlleva un alto riesgo de ahogamiento repentino”. La falta de reconocimiento de un riesgo a menudo se agrava porque la preparación para hacer frente a una emergencia es considerada como aburrida, costosa y demandante de tiempo.


     

 
   

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